Passiones
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pasajes de entrevista con el vampiro

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pasajes de entrevista con el vampiro

Mensaje por Mekare el Sáb Ago 31, 2013 5:12 pm



Ése es Lestat y ésos son Louis y la pequeña Claudia. Traten de visualizar el video (No.2 – que precede este párrafo), sin la “historia”, sólo con las imágenes. Es fácil determinar quien es el demonio y quienes las víctimas, a que si?. Ahora, tomen en cuenta la historia que se relata (en sinopsis) de ambos personajes…No estoy completamente de acuerdo con el autor del video, o más bien, hay algo que me falta a mi, algo que no se puede ver ni en el texto ni en las imágenes de forma completamente clara. Ese “algo” será nuestro tema de discusión .



Quien ha escuchado hablar de Lestat, “le enfant terrible”, como se le describe muchas veces, lo percibe como un ser despótico, arrogante, petulante, vanidoso…en fin, un “bastardo” completo, aunque claro, no en el real sentido de la palabra, sino por la concepción que se tiene de la misma por estos tiempos. Pero a mi parecer, Lestat no es un “bastardo”, no sólo por que no es esa su condición social, sino porque he encontrado muchas cosas en él que me hacen verlo “diferente”…como todo un “caballero”…en el noble sentido de la palabra (y en el social también).

Tal como he comentado anteriormente, Lestat es mi “preferiti” en cuestión de vampiros, pero siento fascinación por Louis y Claudia: sus compañeros en esta primera entrega, sus amores, sus protegidos, sus… “verdugos”…

En la expresión corporal de la imágen que ven a continuación, yo aprecio claramente la relación que tenían entre sí. Un Lestat líder, siempre por delante, protector, gallardo. Un Louis desconcertado, que no sabe bien porque está en el medio pero que prefirió ese lugar en vez de estar adelante, con su padre, con su creador, con su amante. Una Claudia ávida de poder pero con la limitante de un cuerpo pequeño, fiel copia de su padre pero con el juicio anulado por el amor hacia su amante Louis.





Si, visto fríamente, Lestat, el maldito, mantiene como rehen a Louis, su creación, para no estar sólo y convierte a Claudia, una niña inocente, para evitar que éste le abandone, pero, vayamos un poquito más atrás…Situémonos el día del encuentro con las prostitutas:

Nota: si bien es cierto que este análisis es en base a Entrevista con un Vampiro, me permitiré el placer de incluir a otros personajes y/o situaciones de “Lestat el vampiro”, por siemples cuestiones argumentales que facilitarán este análisis, de allí la anotación de que éste texto contiene SPOILERS.

»—Esperaba que sintieras estas cosas instintivamente como yo —dijo—. Cuando te entregué tu primera víctima, pensé que tendrías ganas de una segunda y luego de más; que irías tras las vidas humanas como detrás de una copa llena, del mismo modo que yo. Pero no lo hiciste. Y supongo que todo este tiempo no te corregí porque débil me convenías más. Te observaba acechando en la noche, mirando caer la lluvia. Fácil de manejar, pues eres un débil, Louis. Eres un blanco fácil. Tanto para los vampiros como para los seres humanos. Lo que sucedió con Babette nos hizo peligrar a los dos. Es como si quisieras que nos destruyesen.

Lestat confiesa que no ha revelado a Louis nada porque es “débil”, un blanco fácil. Igual que Marius no reveló nunca a Armand nada por el mismo motivo. Aún así, sólo desea que lo intente…por lo menos que intente ser quien es…

»—No puedo soportar lo que estás diciendo —dije, dándole la espalda. Los ojos de la muchacha se me clavaban en la carne. Ella seguía echada, mirándome todo el tiempo mientras hablábamos.

»—¡Tú no puedes soportarlo! —dijo él—. Anoche te vi con esa niña. ¡Tú eres tan vampiro como yo!

Con esto, Lestat echa en cara a Louis, con justa razón, que su naturaleza (la de Louis) no es muy distinta a la de él (de Lestat), pero su intención no es mortificarlo, sino, encararlo de una vez por todas consigo mismo (Louis/humano vs Louis/vampiro) . Si Louis lo hubiera aceptado…si hubiera abierto su ser, lo que sigue a continuación no hubiera ocurrido…

»Se puso de pie y se encaminó hacia mí, pero la chica se levantó y él se dio media vuelta para empujarla nuevamente.
»—¿Piensas que tendríamos que convertirla en vampiro? ¿Compartir nuestras vidas con ella? —preguntó.
»Al instante, contesté:
»—No.
»—¿Por qué? ¿Porque no es más que una puta? —preguntó él—. Y una puta realmente cara —aseguró.

Cuando Lestat cuestiona el porqué no debería dársele a la prostituta el “don”, hace alusión a si mismo. Lestat le hace ver a Louis que un ser “inferior”, como trata Louis a Lestat, puede ser también un ser poderoso y a su vez, vuelve a encararlo con el asunto de que sin importar sus orígenes, al ser ambos vampiros…son “iguales”.

»—¿Puede vivir? ¿O ha perdido demasiado? —le pregunté.
»—¡Emocionante! —dijo—. No puede vivir.
»—Entonces, mátala.

Louis no contestó la pregunta. Quien lo ve diría…Oh, Louis se cree un maldito y quiere proteger a la prostituta del cruel destino que el debe encarar por toda la eternidad…pero, realmente es así? o podríamos aplicar el dicho: El que calla…otorga???

»No se reía como un villano de opereta ni buscaba el sufrimiento de la chica como si la crueldad lo alimentase. Simplemente, la observaba.

Lestat estaba haciendo pagar a la prostitua por sus “pecados”. El se alimentaba de “delincuentes”. Se tomaba como un “devorador de pecados”. Claro, esto no lo sabíamos a ciencia cierta, aunque se intuye, sin embargo, en Lestat el vampiro, esto queda perfectamente claro.

»Se echó y cerró los ojos. Le clavé los dientes en la muñeca y empecé a desangrarla. Se movió una vez como si durmiera y pronunció un nombre; y luego, cuando sentí que su corazón alcanzaba una lentitud hipnótica, me separé de ella, mareado, confundido por un instante, y mis manos se aferraron al marco de la puerta. La vi como en un sueño. Las velas relumbraban en un costado de mis ojos. La vi echada absolutamente inmóvil. Y Lestat estaba a su lado como un deudo. Tenía el rostro impasible.

»—Louis —me dijo—, ¿no comprendes? Sólo tendrás paz cuando hagas esto todas las noches de tu vida. No hay nada más. ¡Pues esto es todo!

»Su voz fue casi tierna cuando habló, y se levantó y me puso ambas manos en los hombros. Entré en la sala, incómodo ante su contacto, pero no lo suficientemente decidido como para separarme de él.

»—Ven conmigo. Salgamos a la calle. Es tarde. No has bebido bastante. Deja que te muestre lo que eres. ¡Realmente! Perdona si hice una chapuza con todo esto, si dejé demasiadas cosas en manos de la naturaleza. ¡Vamos!

Lestat se disculpa e intenta resolver el asunto apelando a la naturaleza de su especie y al amor que sabe que Louis siente por él, de manera tal que no tuviera que romper su promesa hecha a Marius tanto tiempo atrás. Baja la guardia y decide darle a Louis, la oportunidad que él nunca tuvo, ya que su maestro, Magnus, a penas si esperó a que se diera la conversión para acabar con su existencia.

»—No lo puedo aguantar, Lestat —le dije—. Elegiste mal a tu compañero.
»—Pero, Louis —replicó—, ¡si no lo has intentado siquiera!





Mi dolor era insoportable. Nunca como ser humano había sentido semejante dolor mortal. Se debía a que todas las palabras de Lestat habían tenido sentido para mí. Sólo conocía la paz cuando mataba, únicamente en ese minuto; y no había dudas en mi mente de que matar algo inferior a seres humanos sólo producía una vaga añoranza, el descontento que me había acercado a los humanos, que me había hecho contemplar sus vidas como a través de un cristal.

Estaba cansado de añoranzas. Giraba y giraba en la misma esquina, mirando estrellas y pensando: «Sí, es verdad. Sé que lo que él dice es verdad, que cuando mato, desaparece la añoranza; y no puedo soportar esa verdad, no puedo».

»De improviso, sobrevino unos de esos momentos fascinantes.

Y entonces, una voz a mi lado retumbó, profunda en el silencio de la noche, diciendo:

»—Haz lo que te ordena tu naturaleza. Esto sólo es una muestra. Haz lo que te pide tu naturaleza.

»—Eso y más. —Su mano apretó la mía—. No lo evites; ven conmigo.

»Me llevó rápidamente por la calle. Dándose vuelta cada vez que yo vacilaba, extendía su mano, con una sonrisa en sus labios, y su presencia era tan maravillosa como en la noche que se me había aparecido en mi vida mortal y me dijo que seríamos vampiros.

Oh si, Louis aceptó convertirse en vampiro. NOTA MUY IMPORTANTE. Louis, al igual que Gabrielle y Nicolás antes, estaban concientes de todo y aceptaron ser parte de ello.





»—El mal es un punto de vista —me susurró ahora—. Somos inmortales. Y lo que tenemos ante nosotros son las fiestas suntuosas que la conciencia no puede apreciar y que los seres humanos no pueden conocer sin arrepentirse. Dios asesina y nosotros también; indiscriminadamente. El arrasa a ricos y pobres y nosotros hacemos lo mismo; porque ninguna criatura es igual a nosotros, ninguna tan parecida a Él como nosotros, ángeles oscuros no confiados a los límites hediondos del infierno sino paseando por Su tierra y todos Sus reinos. Esta noche quiero un niño. Yo soy como una madre… ¡Quiero un niño!

»Tendría que haber sabido lo que deseaba. No lo sabía. Me tenía hipnotizado, encantado. Jugaba conmigo como lo había hecho cuando yo era un mortal; me guiaba. Me decía:

»—Tu dolor terminará.

En esta corta sinopsis, es la primera vez que dirá: Tendría que haberlo sabido. Una disculpa muy floja ante su gran y egoísta indolencia (de Louis). Lestat por su parte, siceramente creía que su dolor terminaría cuando acabara su mustia exiostencia, cuando tuviera el mundo a sus pies, un mundo que el puso a su disposición cuando le dio el “don oscuro”.

»Me acerqué a él cuando volvió, temeroso de que la excitación que sentía en mí desapareciese. Y vi nuevamente el paisaje de pesadilla que había visto cuando hablé con Babette; sentí el frío de la soledad, el frío de la culpabilidad.

»—¡Ella está aquí! —dijo él—. La herida. ¡Tu hija!

»—La niña…, ¡la pequeña! —dije. Pero él ya me llevaba por la puerta hasta el final de la larga hilera de camas de madera, cada una con un niño bajo una angosta sábana blanca; había un candil al fondo de la sala, donde una enfermera estaba inclinada sobre un escritorio. Caminamos por el pasillo entre las hileras.

»—Niños muertos de hambre, huérfanos —dijo Lestat—. Hijos de la plaga y de la fiebre.

»—Lestat, ¿qué estás haciendo? ¿A dónde la llevas? —le pregunté.

»Pero yo lo sabía. Se encaminaba al hotel y pretendía llevarla a nuestra habitación.

Segunda vez…Nuevamente, sabe, pero no actúa en concencuencia.

»—Ven aquí, Louis; tú no te has alimentado lo suficiente. Lo sé — dijo con la misma voz calma y serena que había usado toda la noche con tanta habilidad; me tomó de la mano, y la suya estaba cálida y punzante—. ¿La ves, Louis, cuan dulce y saludable parece, como si la muerte no le hubiera arrancado la frescura? ¡La voluntad de vivir es tan poderosa! ¿Recuerdas cómo la querías tener cuando la viste en esa habitación?

Nuevamente, Louis ve “habilidad” donde hay ternura. En su gran petulancia, cree saber que dice o piensa Lestat con sus actos, pero realmente, nunca lo vió como era, sino solamente como él (Louis) quería que fuese porque así servía más para su constante actitud autodestructiva.

Por otro lado, cuando ve a la niña…qué ve además de alguien capaz de enternecer el corazón de Louis? Sí…se ve a sí mismo…Ve a Claudia tal cual él estuvo alguna vez luchando ante una jauría de lobos…ve al valiente Lestat luchando por su vida…ve a la hija que hubiera querido tener…alguien como él y su madre…sin miedo a nada.

»Me resistí. No quería matarla. No había querido hacerlo la noche anterior. Y entonces, de improviso, recordé dos cosas conflictivas y me sentí golpeado por el dolor: recordé el poderoso palpitar de su corazón contra el mío y tuve deseos de poseerlo; unos deseos tan fuertes que di la espalda a la cama y hubiese salido corriendo de la habitación si Lestat no me hubiera agarrado; y recordé el rostro de su madre y ese momento de horror cuando dejé caer a la criatura y él entró en la habitación. Pero ahora no se estaba burlando de mí; me estaba confundiendo.

»—Tú la quieres, Louis. ¿No ves que una vez que la has poseído, entonces puedes poseer a quien quieras? Anoche la deseaste, pero no tuviste el valor suficiente, y por eso ahora ella está viva.

»Pude sentir que lo que él decía era verdad. Pude volver a sentir el éxtasis de tener su pequeño corazón latiendo.

»—Es demasiado fuerte para mí… su corazón; no cede —le dije.

»—¿Es tan fuerte? —dijo, y sonrió; me acercó a la niña—. Cógela, Louis —me instó—. Yo sé que tú la deseas.

»Y lo hice. Me acerqué a la cama y la observé. El pecho apenas se le movía y una de sus manitas estaba enredada en su cabello largo y rubio. No pude soportarlo, mirándola, queriendo que no muriera y deseándola al mismo tiempo; y, cuanto más la miraba, más podía saborear su piel, sentir mi brazo cayendo por debajo de su espalda y atrayéndola hacia mí, sentir su cuello suave. Suave, suave, eso era lo que era, suave. Traté de decirme que era mejor que muriera —¿en qué se iba a convertir?—, pero ésas fueron ideas mentirosas. ¡Yo la deseaba! Y, por lo tanto, la tomé en mis brazos y puse su mejilla ardiente contra la mía, su cabello cayendo encima de mis muñecas y acariciando mis cejas; el dulce aroma de una niña, poderoso y pulsante pese a la enfermedad y la muerte. Gimió entonces, se sacudió en su sueño y eso fue superior a lo que podía soportar. La mataría antes de permitirle despertar, y yo lo sabía. Busqué su cabello y oí que Lestat me decía extrañamente:

»—Nada más que un pequeño rasguño. Es un cuello pequeño.

»Y yo le obedecí…

…………………..///

»—¡Pero si no está muerta! —susurré. Pero ya todo había terminado.

»—Así es, querida; más —le decía—. Debes beber para curarte.

»—¡Maldito seas! —grité, y él me hizo callar con una mirada aterradora. Se sentó en el sofá con ella aferrada a su muñeca. Vi la mano blanca de ella asida de su manga y pude ver el pecho tratando de respirar y su rostro desfigurado, de un modo como jamás lo había visto. Dejó escapar un gemido y él le susurró que continuara; y, cuando me acerqué, me volvió a echar una mirada como diciendo: “Te mataré”.

»—Pero, ¿por qué, Lestat? —le dije.

»—¿Qué has hecho, Lestat? —le pregunté—. ¿Qué has hecho?

»—Yo no —le dijo él—, nunca más. ¿Comprendes? Pero te enseñaré lo que debes hacer. (Lestat a Claudia)

Me sentía agotado y descompuesto, como si la noche hubiera durado mil años. Me quedé mirándolos; la niña se acercó a Lestat y se apoyó en él cuando éste le pasó un brazo por el hombro, aunque sus ojos indiferentes seguían fijos en el cadáver. Luego me miró.

»—¿Dónde está mi mamá? —preguntó la niña en voz baja. Su voz era igual a su belleza física, clara como una campanilla de plata. Era sensual. Toda ella era sensual. Tenía los ojos tan grandes y claros como Babette. Comprenderás que yo apenas tenía conciencia de lo que todo esto significaría. Sabía lo que podría significar, pero estaba estupefacto. Entonces Lestat se puso de pie, la levantó y se acercó a mí.

»—Ella es nuestra hija —dijo—. Va a vivir con nosotros.

Él sacó un peine y empezó a peinarla, con los rizos en la mano para no tirar de sus cabellos; su pelo se desenredó y parecía de seda. Era la niña más hermosa que yo jamás había visto y ahora deslumbraba con el fuego frío de un vampiro. Sus ojos eran los ojos de una mujer. Se volvería blanca y solitaria como nosotros, pero no perdería sus formas. Comprendí ahora lo que Lestat había dicho de la muerte, lo que significaba. Le toqué el cuello, donde dos heridas rojas sangraban un poco.

»—Tu mamá te ha dejado con nosotros. Ella quiere que seas feliz —le decía él con una confianza inconmensurable—. Ella sabe que te podemos hacer muy feliz.

Eso es lo que Lestat pretendía. Que fueran felices…

»—Sí, Claudia —dijo él—. Están enfermos y están muertos. ¿Ves?, ellos mueren cuando bebemos de ellos.

»Se acercó a ella y la volvió a abrazar. Nos quedamos los dos con ella en medio. Yo estaba hipnotizado por su presencia, por ella transformada, por cada gesto suyo. Ya no era más una niña; era una vampira.

Todo un padre vampiro hablando a su hija de 5 años, que también es vampira. Y Louis? Embelesado como siempre.

»—Ahora Louis iba a abandonarnos —dijo Lestat, moviendo sus ojos de mi rostro al de ella—. Se iba a ir. Pero ahora no lo hará. Porque quiere quedarse y ocuparse de ti y hacerte feliz. —Me miró—. Vas a cuidar de ella, ¿verdad, Louis?

»—¡Tú, hijo de perra! —le espeté—. ¡Maldito!

»—¡Semejante lenguaje delante de nuestra hija! —dijo él.

»—Yo no soy vuestra hija —dijo ella con su voz de plata—. Soy la hija de mi mamá.

»—No, querida, ya no —le dijo él; miró a la ventana y luego cerró el dormitorio y puso la llave en la cerradura—. Eres nuestra hija; la hija de Louis y la mía, ¿comprendes? Bien, ¿con quién quieres dormir? ¿Con Louis o conmigo? Quizá quieras dormir con Louis. Después de todo, cuando estoy cansado… no soy tan bueno.




—¿Le hizo eso a la pequeña nada más que para que usted no lo abandonara? —preguntó el muchacho.

—Eso es difícil de precisar. Fue una declaración. Estoy convencido de que Lestat era una persona que prefería no pensar ni hablar de sus motivaciones o creencias, ni siquiera consigo mismo. Una de esas personas que deben actuar. Una persona de ésas debe ser golpeada bastante antes de que se abra y confiese que hay un método y un pensamiento en su manera de vivir. Eso es lo que sucedió esa noche con Lestat. Había sido arrinconado hasta donde tuvo que descubrir, incluso a sí mismo, por qué vivía y cómo lo hacía. El mantenerme a su lado, eso sin duda era parte de lo que lo arrinconó. Pero, sin duda, quería que yo me quedara. Conmigo vivía de una forma en la que jamás podría haber vivido solo. Y, como te he dicho, siempre tuve el cuidado de no darle el título de ninguna propiedad; algo que lo enfurecía. No podía convencerme de que lo hiciera. —De repente, el vampiro se rió—. ¡Mira todas las demás cosas de las que me convenció! Qué extraño. Me podía convencer de que matara a un niño, pero no de compartir mi dinero. —Sacudió la cabeza—. Pero no se trató en realidad de avaricia, como puedes ver. El miedo que le tenía era lo que me volvía tan avaro con él.

Efectivamente Lestat fue arrinconado, pero no por avaricia, no porque necesitara a Louis para vivir, sino amaba a Louis y se dió cuenta de que el método que siguió para “educarlo” no fue el correcto y que en vez de ser feliz, de nacer a su nueva vida, Louis sólo estaba haciendo de su existencia una continuación de su inútil vida humana. Tuvo que tomar medidas y lo hizo.

Por un momento había olvidado su furia perpetua. Y esto para Lestat era exponerse. Cuando estábamos solos en las calles oscuras, sentí con él una comunión como no la había sentido desde mi muerte. Más bien pienso que metió a Claudia en el vampirismo por venganza.

—Venganza no sólo contra usted sino contra el mundo entero —comentó el muchacho.

—Sí. Como he dicho, los motivos de Lestat para cualquier cosa siempre giraban en torno a la venganza.

Cuanta petulancia y egoísmo el de mi amigo Louis…se creía tanto que no pudo ver que realmente se le amaba por ser quien era y no por lo que tenía o podía dar. Creyó ver en el amor de Lestat venganza, cuando nunca (bueno, en los primeros libros que he leído), Lestat fue movido por venganza, ni siquiera cuando era humano. Siempre aceptó su destino y lo vivió con pasión, siempre en contra de las adversidades sin reclamar nada, sin juzgar, sólo aceptando a quienes amaba como eran…así, sin más, tal como lo hizo son su familia humana.

Esta verdad es lo que creo que más perturbó a Louis cuando leyó “Lestat el vampiro” y por eso acudió con tanta humildad a Lestat después de haberlo despreciado. Y cuando llegó con él, nuevamente fue abofeteado por la gallardía de Lestat, quien sin importar haber sido vapuleado, no sólo lo buscó para salvarle, sino que le aceptó sin reclamos.

—Pues —dijo el vampiro— nuestra vida sufrió un gran cambio con mademoiselle Claudia, como te puedes imaginar. Su cuerpo murió, pero sus sentidos se despertaron tanto como los míos. Y busqué en ella señales de esto. Pero durante los primeros días no me di cuenta de cuánto la quería, de cuánto quería hablar con ella y estar con ella. Al principio, sólo pensaba en protegerla de Lestat. La metía en mi ataúd todas las mañanas, no le quitaba la vista de encima y trataba de que estuviera con él lo menos posible. Eso era lo que Lestat quería y dio muy pocas señales de que le pudiera llegar a hacer algún daño.

Y aunque Lestat aún me amenazaba con hacerle daño, a ella no se lo hacía, sino que era cariñoso, orgulloso de su hermosura, ansioso por enseñarle que debíamos matar para vivir y que nosotros no podíamos morir jamás.

»—Ésta es la muerte —le dijo él, señalando el cuerpo descompuesto de una mujer—, algo que nosotros no podemos sufrir. Nuestros cuerpos permanecerán como ahora, frescos y vivos; pero no debemos vacilar en traer la muerte, porque así vivimos.

»Y Claudia lo miraba con sus ojos inescrutables.

Lestat nunca dió señales. Sólo estaban en la mente de Louis. Siempre en la mente de Louis. Por otro lado, en su egoísmo, ni idea tuvo del daño que le hacía a Lestat al apartarse de él por “miedo” y de paso apartar a Claudia por la misma razón, aún cuando el mismo (Louis) reconoce que Lestat estaba orgulloso de la niña y que quería enseñarle muchas cosas y que ésto era beneficioso para ella. No tomó en cuenta las palabras de Lestat cuando le pidió perdón por haber dejado todo a la “naturaleza” y truncó el aprendizaje de Claudia con sus miedos, cuando Lestat hizo lo que tenía que hacer para enseñarle que no debía exponerse, como lo había hecho con Babete. Su intención era protegerlos y el sólo se apartaba…

Y Lestat compraba las últimas importaciones de Francia y España: lámparas de cristal y alfombras orientales, biombos de seda con pájaros del paraíso pintados, canarios que trinaban en grandes jaulas doradas con cúpulas y delicados dioses griegos de mármol, y vasos chinos hermosamente dibujados. Yo no necesitaba el lujo más de lo que antes lo había necesitado, pero quedé fascinado con esta nueva inundación de arte y artesanía; podía contemplar los intrincados diseños de las alfombras durante horas, o mirar cómo el brillo de una lámpara cambiaba los sombríos colores de un cuadro holandés.

»Claudia encontraba maravilloso todo eso; lo hacía con la tranquila reverencia de una niña nada malcriada, y quedó encantada cuando Lestat contrató a un pintor para que hiciera en las paredes de su dormitorio un bosque mágico de unicornios y pájaros dorados y árboles llenos de frutos por encima de ríos deslumbrantes.

Por supuesto que no lo necesita, ni antes ni después, no era más que un burgués que siempre lo había tenido todo y lo veía con la indiferencia con la que los “ricos” entran a una casa de cuentos de hadas, sin apenas percatarse de de nada de lo que les rodea. Aún así, renegaba de la actitud “derrochadora” de Lestat. Cómo son las cosas no? El quería halagarlos, agradarlos mostrándoles cosas hermosas tal cual Marius le dejó disfrutar, aunque fuera por poco tiempo, de toda la riqueza y el arte que lo rodeaba y Louis sólo se quejaba.

»Pero cuando eso terminaba, ella era mi compañera, mi pupila; y las prolongadas horas pasadas a mi lado consumían cada vez con más rapidez el conocimiento que yo le brindaba. Compartía conmigo una comprensión tranquila que no podía incluir a Lestat. A la madrugada, se echaba a mi lado, con su corazón latiendo contra el mío. Y, en muchas oportunidades, cuando la miraba —cuando ella estaba sumergida en su música o en su pintura y no sabía que yo estaba presente—, pensaba en esa singular experiencia que había tenido con ella y con nadie más; que yo la había asesinado, le había arrebatado la vida, había bebido toda la sangre de su vida en un abrazo fatal que había dado a tantos otros, otros que ahora yacían moldeados por la tierra húmeda. Pero ella vivía, vivía para pasarme los brazos por el cuello y apretar su pequeña frente contra mis labios y poner sus ojos brillantes delante de los míos hasta que nuestras cejas se confundían; y, riéndonos, bailábamos por la habitación como en un vals violento. Padre e Hija. Amante y Amada. Te puedes imaginar lo satisfactorio que era que Lestat no nos envidiara, que simplemente sonriera desde lejos, esperando a que ella se acercara a él. Entonces la sacaba a la calle y me saludaban desde el pie de la ventana y se iban a compartir lo que compartían: la cacería, la seducción, la matanza.

Claro que no envidiaba. Era feliz con la felicidad de los que amaba…Siempre fue así: Con su familia humana, especialmente con su madre, con Nicolás, Marius, con el abogado, con Eleni y los del teatro, incluso con Armand.

……………………….///

»Me quedaba estupefacto en esas ocasiones; su mente era imprevisible, desconocida. Pero luego se sentaba en mis rodillas y me acariciaba el pelo suavemente, susurrándome al oído que yo nunca iba a crecer como ella, hasta que supiera que matar era lo más serio del mundo, no los libros ni la música…

»—Déjame que te vista, deja que te peine —le decía como una vieja costumbre, consciente de su sonrisa y de que me miraba con un velo de aburrimiento en su expresión.

»—Haz lo que quieras —me decía al oído cuando me agachaba a prenderle sus botones de perlas—. Pero esta noche mata conmigo. Nunca me has dejado verte matar, Louis.

Lestat cumplió su parte con Claudia, la parte que le correspondía como padre protector. La enseñó. La guió. Estuvo con ella y ella lo comprendió todo. Quiso evitar con Claudia lo ocurrido a Louis, pero éste (Louis) desbarató todo lo que él (Lestat) enseño a Claudia con toda el conocimiento de causa, más fue para él preferible seguir así, que él hacer algo por los que supuestamente amaba.

»Entonces quiso un ataúd propio, lo que me hirió más de lo que le permití darse cuenta. Me fui después de haberle dado mi consentimiento de caballero. ¿Cuántos años había dormido con ella como si fuera parte de mí? No lo sabía. Pero entonces la encontré cerca del convento de las Ursulinas, una huérfana perdida en la oscuridad, y, de improviso, corrió hacia mí y se aferró a mi cuerpo con una desesperación humana.

»—No lo quiero si te hace sufrir —me confió en voz tan baja que si un ser humano nos hubiese abrazado, no podría haberla escuchado ni sentido su aliento—. Siempre me quedaré contigo. Pero debo verlo, ¿comprendes? Un ataúd para una niña.

Cuanto parecido hay en las palabras de Claudia si se las compara con las de Bella de Crepúsculo o con las de cualquier mujer enamorada que no quiere herir a quien ama, prefiriendo su propio sufrimiento al del ser amado. La diferencia es que aquí, el vampiro en cuestión, Louis, ve por él en primer lugar, en segundo lugar, en tercer lugar y en cuarto lugar…etc.

»—Lo quiero tener, Louis —me explicó pacientemente.

»Y entonces, una noche, subió las escaleras del fabricante, con Lestat a su lado, a buscar el ataúd, y dejó al fabricante sin saber lo que le había pasado, muerto sobre las pilas polvorientas de papeles de su escritorio. Y el ataúd estaba en nuestro dormitorio, donde lo contempló durante horas cuando era nuevo, como si la cosa se moviera o estuviera viva o descubriera poco a poco su misterio, tal como hacen las cosas cuando cambian. Pero ella no dormía allí. Dormía conmigo.

Lestat siempre estuvo para ella y para Louis también. Comprendía a Claudia y aún cuando amaba a Louis (me refiero a Lestat) y sabía que el asunto era puntilloso para él, acompañó a la niña a buscar el ataúd porque comprendió que necesitaba dar ese paso que la convertiría en la “adulta” que nunca llegaría a ser. Aún así, dejó a los “novios” que tomaran sus propias decisiones: A Louis, seguir manipulándola y a Claudia, dejar de lado lo que era importante para ella en deferencia al amor qu sentía por Louis.

…………………………………///

Lestat estaba impresionado, abrumado. ¡Qué imagen tenía de ella! La llamaba “la muerte infantil”, “la hermana muerte” y “una muerte dulce” y, para mí, él tenía el término burlón de “¡muerte misericordiosa!”, y lo decía haciendo una reverencia y batiendo palmas, como una vieja comadre a punto de confiar un chisme excitante. ¡Oh, cielos misericordiosos! Yo quería estrangularlo.

Pero en realidad, al “crecer”, yo creo que Claudia empezó a matar por una mezcla de misericordia y asco. Ella había sido lo que todos esos niños eran: Tuvo una madre pobre, se enfrentó a la miseria ya la muerte, pero al final, Lestat la había convertido en una niña inmortal que nunca padecería otra vez todo a lo que se enfrentaba en esos lugares…(recordemos que empezó a querer estar cerca de los cementerios y a matar a mujeres y niños hundidos en la miseria) y creo que quería acabar con el “sufrimiento” de esos “mortales”. Nuevamente LOUIS INTERPRETÓ QUE LESTAT SE BURLABA DE LO QUE HACIA…PERO LO DECIA DE ESA MANERA ANTE EL PARA BURLARSE MÁS BIEN DE SU COBARDIA…(De Louis).

—Lo tendría que haber sabido —dijo—; era inevitable, y yo tendría que haber reconocido los indicios. Porque yo estaba tan atado a ella…, la amaba de forma tan absoluta; era mi compañera de todas las horas, la única compañera que tenía, aparte de la muerte. Pero una parte mía era consciente de un enorme golfo de oscuridad que se cernía en nuestras proximidades, como si siempre caminásemos al borde de un abismo y viéramos de pronto que ya era demasiado tarde si hacíamos un movimiento en falso o nos concentrábamos demasiado en nuestros pensamientos.

Ah…, me distraje. ¿Qué digo? Que ignoré esos indicios en ella, que me aferré desesperadamente a la felicidad que ella me había brindado, y que aún me brindaba, e ignoré todo lo demás.

OTRA VEZ EL “LO TENDRIA QUE HABER SABIDO”…..LO HUBIERA SABIDO SI HUBIERA PRESTADO ATENCIÓN….PERO SU EGOISMO SIEMPRE ESTUVO PRIMERO…

Y nuestra frágil tranquilidad doméstica se hizo trizas debido a la furia de Lestat. No tenía que ser amado, pero no se lo podía ignorar; y en una ocasión, hasta se le arrojó encima gritando que le pegaría. Me encontré en la desagradable situación de tener que pelearme con él como lo habíamos hecho antes de que ella llegara.

»—Ya no es más una niña —le susurré—. No sé lo que es. Es una mujer.

»Le pedí que no lo tomara muy en serio y él simuló desdén y la ignoró a su vez. Pero una tarde entró perplejo y me contó que ella lo había seguido. Aunque se negara a ir con él a matar, lo había seguido.

»—¿Qué le pasa? —me gritó él, como si yo fuera el causante de su vida y debiera saberlo.

La desagradable situación?????? Se supone que la amaba y se refiere a defenderla de un “monstruo” como una “desagradable” situación?

¿Cómo si yo debiera saberlo? Claro que debería: Era su compañera, su hija, su amante, su todo, supuestamente, cómo puede entonces sentirse confundido porque alguien le pregunte algo de ella?????

»—¡Maldita sea! —exclamó Lestat, y yo lo tomé del brazo y lo mantuve a mi lado usando toda mi fuerza.

»—¿Qué piensas hacer con ella? —insistí—. ¿Qué puedes hacer? Ya no es más una niña que hace lo que le decimos, simplemente porque se lo decimos. Debemos enseñarle.

Hasta ese momento pensó en que debían enseñarle….

»—¡Ella sabe! —Se apartó de mí y limpió su abrigo—. ¡Ella sabe! ¡Hace años que sabe lo que tiene que hacer! ¡Lo que se puede arriesgar y lo que no se puede! ¡No le permitiré hacer esto sin mi permiso! No lo toleraré.

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Re: pasajes de entrevista con el vampiro

Mensaje por Mekare el Sáb Ago 31, 2013 5:14 pm

Pero Lestat ya se lo había enseñado todo diligentemente. Estaba clarito. Y se suponía que Claudia pasaba todo el tiempo con Louis…

………………………………///

»—El vino —dijo pasándose un dedo por los labios—; los dos habían bebido demasiado vino. Me encontré golpeando la cerca —se rió—. Pero no me gusta este mareo. ¿Te gusta?

»Y cuando me miró, tuve que sonreírle, porque el vino le estaba produciendo efecto y estaba alegre; y, en ese momento, cuando su rostro estaba amable y razonable, me acerqué y le dije al oído:

»—Oigo que Claudia golpea a la puerta. Sé bueno con ella. Ya todo ha terminado.

»—Compré esto a uno de los vendedores —dijo Claudia. Su voz era suave e indefinible. Sus ojos se mostraban opacos y carentes de emoción.

»—¡Para las dos que dejaste en la cocina! —dijo Lestat con furia. Ella lo miró por primera vez, pero no dijo nada. Se quedó mirándolo como si jamás lo hubiera visto. Y luego dio varios pasos en su dirección y lo miró como si aún estuviera examinándolo. Me acerqué. Pude sentir la rabia de Lestat y la frialdad de Claudia. Ella se dirigió a mí, y luego, pasando la vista de uno al otro, preguntó:

»—¿Cuál de vosotros dos lo hizo? ¿Cuál de vosotros me hizo lo que soy?

»Pronuncié su nombre. Pienso que quise distraerla. Fue imposible. La marea se había soltado. Los ojos de Lestat ardían con una profunda fascinación, con un placer maligno.

»—Tú nos hiciste así, ¿verdad? —lo acusó ella.

»Él levantó las cejas con una sorpresa burlona.

»—¿Lo que sois? —preguntó—. ¡Y seríais alguna otra cosa de lo que sois! —juntó las rodillas y se inclinó hacia delante, entrecerrando los ojos—. ¿Sabes cuánto tiempo hace? ¿Te puedes imaginar a ti misma? ¿Debo buscar a una mendiga vieja para mostrarte cuál sería tu aspecto mortal si yo te hubiera dejado sola?

»—¡Podrías estar muerta si fueras mortal! —insistió Lestat, encolerizado por su silencio; estiró las piernas y puso las botas en el suelo—. ¿Me oyes? ¿Por qué me preguntas esto ahora? ¿Por qué armas semejante alboroto? Siempre has sabido que eras una vampira.

»—¿Tú me lo hiciste? ¿Cómo? —preguntó entrecerrando los ojos—. ¿Cómo lo hiciste?

»—¿Y por qué habría de decírtelo? Es mi poder.

»—¿Por qué sólo tuyo? —preguntó ella con la voz gélida y los ojos vacuos—. ¿Cómo se hace? —exigió, súbitamente enfurecida.

»Fue algo eléctrico. Él se levantó del sofá y yo lo hice de inmediato, enfrentándome con él.

»—¡Detenla! —me dijo; se estrujó las manos—. ¡Haz algo con ella! ¡No la puedo soportar!

»Y entonces se dirigió a la puerta, pero volviéndose se acercó de modo que quedó por encima de ella, dejándola bajo su sombra. Ella lo miró sin miedo, recorriendo su cara con total indiferencia.

»—Yo puedo deshacer lo que hice. A ti y a él —le dijo señalándome con un dedo—. Alégrate de ser lo que eres ¡O te romperé en mil pedazos!

……………………………….///

»—Ella está bien —le aseguraba yo, aunque estaba separado de ella y dolido como si hubiera sido mi novia. Apenas me prestaba atención entonces, como antes había hecho con Lestat. Y a veces se iba cuando yo le hablaba.

»—¡Mejor que esté bien! —dijo con maldad.

»—¿Y qué harás si no lo está? —le pregunté con más temor que intención agresiva.

»Me miró con sus fríos ojos grises.

»—Cuida de ella, Louis. ¡Habla con ella! —dijo—. Todo estaba perfecto, y, ahora, esto. No hay ninguna necesidad de ello.




»—¿Es eso lo que realmente quieres saber? —le pregunté, estudiándole el rostro—. ¿O más bien por qué te lo hicieron a ti… y lo que tú eras antes? No comprendo lo que quieres decir con ese “cómo”, porque si quieres decir cómo se hizo, tú, a tu vez, podrías hacerlo…

»—Entonces, él me hizo…, él lo hizo… ¡Tú no lo hiciste!

»—¿Por qué no me contestas? —preguntó ella.

»—Él me hizo, por supuesto. Él mismo lo dijo. Pero tú me escondes algo. Algo que él soslaya cuando se lo pregunto. ¡Dice que jamás podría haberlo hecho sin tu ayuda!

»—¿Qué te pasa…? —Se me acercó mirándome a la cara—. ¿Qué es lo que siempre ha estado pasando? ¿Por qué miras de ese modo el cráneo, el guante?

»Hizo esta pregunta con delicadeza…, pero no con la suficiente. Había un leve cálculo en su voz, una indiferencia inalcanzable.

»—Te necesito —le dije sin querer decirlo—. No puedo soportar el perderte. Eres la única compañera que he tenido en la inmortalidad.

»—Pero, ¡por cierto que debe haber otros! ¡Sin duda no somos los únicos vampiros de la Tierra! —le oí decir, como yo lo había dicho, se lo oí con mis propias palabras, que volvían a mí en la marea de su toma de conciencia, de su búsqueda.

»Pero no hay dolor —pensé de improviso—. Hay urgencia, una urgencia despiadada.

»—¿Acaso no eres como yo? —preguntó, mirándome de frente—. ¡Tú me has enseñado todo lo que sé!

»—Lestat te enseñó a matar. —Recogí el guante—. Aquí tienes, vamos…, salgamos. Quiero salir…

»Yo tartamudeaba y traté de ponerle los guantes. Levanté la gran masa de rizos de sus cabellos y los arreglé sobre el cuello del abrigo.

»—¡Pero tú me enseñaste a ver! —me dijo—. Tú me enseñaste las palabras ojos de vampiro —continuó ella—. Tú me enseñaste a beberme el mundo, a tener hambre de algo más que…

»—Nunca quise que esas palabras ojos de vampiro tuvieran el significado que tú les das —le dije—. Suenan distintas cuando tú las pronuncias. —Ella me tiraba de la manga tratando de que yo la mirase—. Vamos —le dije—. Tengo que mostrarte algo…

Exacto, Lestat le enseñó lo que ella necesitaba para vivir, pero todo lo demás lo absorvió de Louis. Y qué pasa cuando un ser libre y valiente se ve sometido al miedo constante y a la autoflagelación? LA FORMA DE HACERLO, FUERA DEL SOLO HECHO DE ALIMENTARSE Y CUIDAR FISICAMENTE DE ELLA TUVO QUE VER CON LOUIS…EL LA HIZO LO QUE ERA!!! Un ser despiadado, egoísta y mal agradecido hasta cierto punto, menos con Louis…su gran amor.

»—Tú me mataste —susurró—. ¡Tú me robaste la vida!

»—Sí —le dije, cogiéndola de la mano para poder sentir los latidos de su corazón—. Más bien traté de hacerlo. Beberte la vida. Pero tenías un corazón como ningún otro que yo hubiera oído, un corazón que latía y latía hasta que tuve que dejarte, tuve que alejarte de mí a menos que aceleraras mi pulso hasta causar mi muerte. Y Lestat me encontró; a mí, a Louis, el sentimental, el tonto, dándose un banquete con una niña de cabellos dorados, una Inocente Sagrada, una niña pequeñita. Te trajo del hospital donde te habían llevado y yo nunca supe lo que pensaba hacer, salvo lo que intuí. “Tómala, termínala”, dijo él. Volví a sentir la pasión. Oh, ya sé que te he perdido ahora para siempre. ¡Lo puedo ver en tus ojos! Me miras como a los mortales, desde lejos, desde una fría región de autosuficiencia que no puedo entender. Pero yo lo hice. Volví a sentir por ti un hambre vil e insoportable, quise tu martilleante corazón, esta mejilla, esta piel. Eras rosada y fragante como los niños mortales, dulce con la pizca de sal y de polvo. Te volví a poseer. Y cuando pensé, sin que eso me importara, que tu corazón me mataría, él nos separó y, abriéndose su propia muñeca, te dio de beber. Y tú bebiste. Bebiste y bebiste hasta que casi lo desangraste y él quedó debilitado. Pero entonces ya eras una vampira. Esa misma noche, bebiste sangre humana y, desde entonces, lo has hecho cada noche.

»Su rostro no había cambiado. Su piel era como la cera de las velas; únicamente sus ojos tenían vida. No había nada más que decirle. La bajé al suelo.

»—Te tomé la vida —dije—. El te la devolvió.

»—Y aquí está —dijo entre dientes—. ¡Y os odio a los dos!

LESTAT LO HIZO POR LAS GANAS DE VIVIR QUE TENÍA LA NIÑA…VIO EN ELLA LO QUE EL MISMO ERA…UN VALIENTE…SIN EMBARGO, LOUIS LA CONFUNDIO TODA Y LA HIZO PEDAZOS…

Abrió las manos y se miró las palmas.

—¿Y la perdió? ¿Se fue?

—¡Irse! ¿Adonde podría haberse ido? Era una niña no más grande que esto. ¿Quién la hubiera hospedado? ¿Hubiera encontrado una tumba, como un mítico vampiro, para echarse entre los gusanos y las hormigas y para levantarse y vagar por algún pequeño cementerio y sus alrededores? Pero ésa no fue la razón para que no se fuera. Había algo en ella que estaba pegado a mí como toda ella podría haberlo estado. Lo mismo le sucedía a Lestat. ¡No podían soportar vivir solos! ¡Necesitábamos nuestra compañía! Una multitud de mortales nos rodeaba, empujando, ciegos, preocupados, y eran los consortes de la muerte. “Unidos en el odio”, me dijo ella después con calma. La encontré en el hogar vacío recogiendo los gajos pequeños de una alhucema. Me sentí tan aliviado de verla allí que hubiera hecho cualquier cosa, hubiera dicho cualquier cosa. Y cuando la oí que me preguntaba si le contaría todo lo que yo sabía, lo hice, contento. Porque todo el resto no era nada comparado con ese viejo secreto: que yo le había arrebatado la vida. Le conté de mí lo que te he contado a ti. Cómo llegó Lestat y lo que sucedió la noche que él la sacó del hospital. No hizo preguntas y, de tanto en tanto, alzaba la mirada de esas flores. Entonces, cuando hube terminado y estaba allí sentado mirando aquella calavera miserable de la chimenea y oyendo el suave sonido de los pétalos de las flores que caían en su falda y sintiendo un dolor sordo en mis miembros y en mi cabeza, ella me dijo:

»—¡No te detesto a ti!

»—Yo fui mortal para ti —dijo, y cuando alcé la vista, la vi sonriente; pero la suavidad de sus labios era evanescente y, en un momento, su mirada pasó de largo como alguien escuchando una música distante, importante—. Tú me diste tu beso inmortal —dijo, pero no a mí sino a sí misma—. Tú me amaste con tu naturaleza de vampiro.

»—Te amo ahora con mi naturaleza humana, si es que alguna vez la tuve —le dije.

»—Ah, sí… —contestó ella, aún pensativa—. Sí, ése es tu fallo y la razón de por qué tu rostro se puso tan triste cuando dije, como dicen los mortales: ”Te odio”; y la razón de por qué me miras ahora así: la naturaleza humana. Yo no tengo naturaleza humana. Y ninguna historia del cadáver de la madre y de habitaciones de hotel donde los niños pueden aprender las monstruosidades que yo sé. Yo no tengo nada. Tus ojos se entristecen cuando te digo esto. No obstante, tengo tu lengua. Tu pasión por la verdad. Tú necesitas llevar la aguja de la mente hasta el corazón de las cosas, como el pico de un colibrí, que golpea con tal rapidez y salvajismo que los mortales piensan que no tiene patitas diminutas, que jamás se puede posar, que siempre va de una búsqueda a otra llegando al corazón de las cosas. Yo soy más tu ego de vampiro que tú mismo. Y ahora el sueño de sesenta y cinco años ha terminado.

»—Entonces, él me hizo… para que fuera tu compañera. Ninguna cadena te podría haber sujetado en su soledad y él no te podía dar nada. Él no me da nada… Antes lo encontraba encantador, me gustaba su manera de caminar, la manera en que tocaba las piedras con su bastón y cómo me tenía en sus brazos. Y el abandono con que mataba, que era como yo lo sentía. Pero ya no lo encuentro encantador. Y tú nunca lo has encontrado así. Hemos sido sus marionetas, tú y yo; tú, quedándote para cuidar de mí, y yo, siendo tu compañera. Ya es hora de terminar con esto, Louis. Ya es hora de dejarlo.

»Hora de dejarlo.

Claudia/Louis habla a Louis/Louis…

Todo explotó por Louis y al final, ella se decantó por él y le hizo ver que no lo odiaba. COMO? SI LO AMABA…Y decidió entonces buscar y castigar a otro…A LESTAT. Aquel que era como ella misma, pero a quien no soportaba porque ella misma se había convertido en otro ser por Louis.

Y nosotros debemos vivir con el conocimiento de que no hay conocimiento.

»—¡Sí! —exclamó él súbitamente, con su voz impregnada de algo distinto a la furia.

»—Tú la infestaste con esto… —susurró él.

se apoyó de espaldas contra la chimenea, mirando de luz en luz, como si ellas restableciesen una especie de paz, y dijo:

»—Voy a salir.

me dijo:

»—Ven conmigo.

»—Tenías razón. Él no sabe nada. No nos puede decir nada —le dije.

»—¿Pensaste alguna vez que lo podría hacer? —me preguntó con el mismo tono de voz—. Encontraremos a otros de nuestra especie. Los encontraremos en Europa central. Allí es donde viven en gran número. Los relatos, tanto de ficción como los de verdad, llenan volúmenes con esas cantidades. Estoy convencida de que todos los vampiros provienen de allí, si es que provienen de algún sitio. Le hemos aguantado demasiado tiempo. Vamos. Y deja que la carne instruya a la mente.

»Pienso que sentí un temblor de deleite cuando ella pronunció esas palabras. “Y deja que la carne instruya a la mente.”

LO QUE ES QUERER ESCUCHAR… ELLA LE DIJO LO MISMO QUE LESTAT Y EN SUS LABIOS LO ENCONTRÓ “INVITADOR”, fue un delite para él…SIN EMBARGO, A LESTAT LO ODIO POR DECIRSELO…

»—Porque ahora lo sé —dijo ella con autoridad—. El vampiro lo transformó en un esclavo y él lo mató. Lo mató antes de que supiera lo que quizá sabe ahora, y, entonces, presa del pánico, te hizo su esclavo. Y tú has sido su esclavo.

»—En realidad, no… —le susurré; sentí que apretaba sus mejillas contra mis sienes; estaba fría y necesitaba matar—. No un esclavo. Una especie de cómplice estúpido —le confesé, me confesé a mí mismo, con mucha rabia en las entrañas y palpitación en las sienes, como si se me contrajesen las venas y mi cuerpo se convirtiera en un mapa de venas torturadas.

»—No, un esclavo —insistió ella con su voz grave y monótona, como si estuviera pensando en voz alta y sus palabras fueran revelaciones, letras de un crucigrama—. Y yo liberaré a los dos.

»Me detuve. Apretó su mano contra la mía, pidiéndome que continuara. Caminábamos por la ancha calle al lado de la catedral, hacia las luces de la plaza Jackson; el agua corría rápida por la alcantarilla en medio de la calle, plateada a la luz de la luna.

»Ella dijo:

»—Lo mataré.

HASTA DONDE LLEGO LA PARANOIA DE LOUIS….PERO YA ERA DEMASIADO TARDE…

»—Claudia —le dije, apartando mi mirada.

»—¿Y por qué no matarlo? —dijo ahora, alzando la voz hasta que chilló—. ¡No me sirve para nada! ¡No le puedo sacar nada! Y él me causa dolor, ¡algo que no toleraré!

No le causaa dolor a ella directamente, sino a Louis. Obviamente, al hacer el dolor de Louis suyo, ella sentía que Lestat se lo causaba a ella, igual que sentía que Lestat los había convertido en esclavos por que Louis así lo sentía. Dicho sea de paso, su lenguaje corporal y sus expresiones seguían siendo las de Lestat…aunque no las reconociera como suyas.

»—¿Y si no es tan inútil? —le dije. Pero la vehemencia era falsa. Desesperada. ¡Estaba tan alejada de mí, con sus pequeños hombros erguidos y decididos, y su paso rápido, como una niñita que, al salir los domingos con sus padres, quiere caminar adelante y simular que está sola!—. ¡Claudia! —llamé, y la alcancé de inmediato; le toqué la pequeña cintura y sentí que se endurecía como el hierro—. ¡Claudia, tú no lo puedes matar!

»—¡Es más fuerte de lo que te imaginas! ¡Más fuerte de lo que sueñas! ¿Cómo piensas matarlo? No puedes competir con su destreza. ¡Tú lo sabes! —le dije, casi rogándole, pero pude darme cuenta de que estaba absolutamente imperturbable, como un niño que mira fascinado la vitrina de una tienda de juguetes.

»—Te quiero, Louis —me dijo.

»—Entonces, escúchame, Claudia, te lo ruego —susurré, aferrándome a ella, alerta de pronto por una cercana serie de susurros, y la lenta y creciente articulación de las conversaciones humanas por encima de los sonidos entremezclados de la noche—. Te destruirá si tratas de matarlo. No hay manera de que puedas hacer eso con seguridad. No conoces la manera. Y, poniéndote en su contra, lo perderás todo. Claudia, no puedo soportar eso.

Lo perderás todo? Claudia, no puedo soportar eso??? Cuánto amor el de mi Louis…que no se incluye en lo que prevee será la desgracia de su amada…

»Hubo una sonrisa casi imperceptible en sus labios.

»—No, Louis —murmuró—. Lo puedo matar. Y ahora te quiero contar algo más, un secreto entre tú y yo.

»Sacudí la cabeza, pero ella se apretó aún más contra mí y bajó los párpados, de modo que sus frondosas cejas casi me acariciaban las mejillas.

»—El secreto es, Louis, que deseo matarlo. Lo disfrutaré.

……………………………///

»A veces esto funcionaba con Lestat. Si yo le decía algo específicamente correcto, se ponía a hacerlo. Y entonces lo hizo; con una leve mueca, como diciendo: “Tú, tonto”, empezó a tocar la música.

EL MONSTRUO LESTAT….ENTERNECIDO POR QUE SU LOUIS LE PIDIERA ALGO PARA SI MISMO…ALGO QUE SOLO EL PODIA DARLE…(LESTAT)…

»—Eres una malcriada porque eres la única niña —dijo él—. Necesitas un hermano. O, más bien, yo necesito un hermano. Me aburrís vosotros dos. Unos vampiros egoístas, meditabundos, que agobiáis nuestras propias vidas. No me gusta.

Cuánto aguantó!!!. Aún cuando se habían convertido en algo agobiante para él, se mantenía a su lado para protegerlos y simplemente porque eran su familia. Igual que hizo en sus tierras, con su familia mortal que nunca le agradeció nada ni le dió nada…

……………………..///

»—Eso puede ser. Pero entonces deja de hacerme preguntas. Deja de seguirme. Deja de buscar vampiros en todas las callejuelas. ¡No hay otros vampiros! Aquí es donde vives y aquí es donde debes quedarte. —Pareció confuso un momento, como si el volumen de su propia voz lo confundiera—. Cuidaré de ti. Tú no necesitas nada.

»—Y tú no sabes nada y, por eso, detestas mis preguntas. Todo está en claro. Por tanto, tengamos paz porque no podemos tener nada más. Tengo un regalo para ti.

»—Espero que sea una mujer hermosa con unos atractivos que tú jamás tendrás —dijo él, y la miró de arriba abajo.

»Ella cambió de cara. Fue como si casi perdiera un dominio que jamás la había visto perder. Pero entonces movió la cabeza y, estirando un brazo pequeño y redondo, le tiró de la manga.

»—He hablado en serio. Estoy harta de discutir contigo. El infierno es odio, gente que vive en odio eterno. Nosotros no estamos en el infierno. Puedes aceptar el regalo o no. No me importa. Pero terminemos de una vez por todas con este problema. Antes de que Louis, disgustado, nos abandone a ambos.

LOUIS siempre Louis, por eso orquestó todo, como ella dijo, para liberarlos, aunque Louis quisiera pensar que era por ella que ésta hacia todo…

»—Ebrios con brandy —dijo—. Una copita —y señaló la mesa—. Pensé en ti cuando los vi… Pensé que si los compartía contigo, me perdonarías.

»Él se quedó encantado con el piropo. La miró, estiró una mano y la tomó del fino tobillo.

»—¡Tontita! —susurró, y se rió; pero entonces se calló como no queriendo despertar a los niños condenados. Le hizo a ella un gesto íntimo, seductor—. Ven a sentarte a su lado. Tú coges éste y yo el otro. Ven.

»—¡Louis! ¡Louis!

CUANTAS VECES LO GRITO…Cuantas veces pidió su ayuda? CONFIABA EN EL (en Louis)…y él lo defraudó.

…………………………..///

El ataúd de Lestat estaba allí, lleno de bufandas y pedazos de tapicería. Sentí la compulsión de abrirlo. Tuve el deseo de encontrarlo allí.

»—¡Merecía morir! —me dijo.

»—Entonces nosotros merecemos morir. De la misma manera. Cada noche de nuestras vidas —le contesté—. Aléjate de mí —fue como si mis palabras fueran mis pensamientos, y mi mente únicamente fuera una amorfa confusión—. Te cuidaré porque tú no cuidas de ti misma. Pero no te quiero cerca. Duerme en ese ataúd que te has comprado. No te me acerques.

Se pasó…en estas frases está concentrado todo su yoísmo, su egoísmo, su autodestructividad…

»—Te dije que lo iba a hacer. Te lo dije… —recordó ella. Su voz nunca había sonado tan frágil, como el tintineo de una campanilla. La miré, perplejo pero inconmovible. Su cara no parecía su cara. Jamás nadie había puesto tal agitación en el rostro de una muñeca.

»—¡Louis, te lo dije! —dijo ella con los labios temblorosos—. Lo hice por nosotros. Para que pudiéramos ser libres.

»No pude soportar su presencia. Su hermosura, su presunta inocencia y esa terrible agitación. Pasé a su lado, quizás empujándola un poco, no lo sé. Y casi había llegado a las barandillas de la escalera cuando oí un sonido extraño.

»—Louis…, si te pierdo, no tengo nada —susurró—. Desharía lo hecho para recuperarte. No lo puedo hacer.

»—No puedo vivir sin ti… —susurró—. Preferiría morir a vivir sin ti. Moriría del mismo modo que él. No puedo soportar que me mires como lo hiciste. ¡No puedo soportar que no me ames!

SE ESCUCHA MUY PARECIDA A BELLA….A QUE SI???

»—Muy bien, querida mía… —le dije—. Muy bien, amor mío… —y al decir esto la mecí suavemente, lentamente, en mis brazos hasta que se durmió, murmurando algo sobre nuestra eterna felicidad, libres para siempre de Lestat, empezando la gran aventura de nuestras vidas.

Pero no hubo nada de “vivieron felices y comieron perdices”…Como todos sabemos, al final, la familia quedó destruída y lo peor, Claudia sucumbió.



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Re: pasajes de entrevista con el vampiro

Mensaje por Mekare el Sáb Ago 31, 2013 5:15 pm

vease este documental.interesante



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Re: pasajes de entrevista con el vampiro

Mensaje por Mekare el Sáb Ago 31, 2013 6:01 pm




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Re: pasajes de entrevista con el vampiro

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